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Cementerio Histórico San Miguel

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Cementerio Histórico San Miguel

MONUMENTO A LAS COFRADÍAS

MONUMENTO A LAS COFRADÍAS

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A las cofradías penitenciales y de gloria, expresión de la religiosidad popular, no se las suele relacionar con un cementerio. El de San Miguel es una excepción. Las hermandades, además de organizar procesiones, enterraban a sus cofrades en las criptas de sus capillas en las iglesias. Pero la Real Cédula de Carlos III de 1787, prohibiendo inhumar en el interior de templos por razones sanitarias, amenazó una de sus funciones esenciales.

En el espacio que hoy ocupa el cementerio de San Miguel se comenzó a inhumar en fosas comunes en 1804, con motivo de la epidemia de fiebre amarilla. En 1805 fue elegido como cementerio general de la ciudad, pero el lugar carecía entonces de muro protector. Las cofradías dieron un primer y gran impulso para la dignificación del camposanto, pues a partir de 1821 la Junta Municipal de Sanidad les fue vendiendo terreno para que edificasen nichos en los que inhumar a sus cofrades. Un cerramiento de cuatro hiladas de nichos de hermandades como Viñeros, Luz y Vela, Llagas y Columnas, Nazareno del Paso, Aurora y Espíritu Santo, Concepción Dolorosa y otras, acotaron el espacio del actual patio primero, dotándolo de seguridad.

Posteriormente hicieron un segundo aporte, pues imitando lo que ya venían haciendo las clases pudientes que edificaban mausoleos monumentales, muchas cofradías también lo hicieron. Para 1897 el cementerio de San Miguel ya acogía a 17 mausoleos y 487 nichos de cofradías.

Esta contribución, esencial en la configuración monumental de la necrópolis y en la normalización del entierro en cementerios, se ha reconocido mediante este monumento, erigido en 2022. El monumento consiste en un muro soporte de una obra escultórica fundida en bronce. Una cornisa rematada por una voluta con hojarasca cobija una cartela con una escena en bajorrelieve dorado que reproduce el ingreso de un féretro en la capilla, para recibir las cristianas exequias antes de la inhumación. La flanquean dos poderosas efigies: a la izquierda, un penitente porta un quitasangre, insignia procesional de determinadas cofradías que simboliza limpiar la sangre derramada por Cristo. En el lado opuesto, un ángel toca la trompeta a gloria, configurando así la finalidad de la vida espiritual del creyente, que muere en espera de la resurrección.

Esta obra escultórica -que muestra una armónica composición, gran riqueza volumétrica y diferentes niveles de relieve- fue diseñada y modelada por el escultor malagueño Juan Vega, quien ha recurrido al lenguaje barroco, apreciable en el dinamismo de las figuras y los abundantes pliegues de los ropajes. La obra fue bendecida con motivo del centenario de la creación de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa.

Textos: Francisco J. Rodriguez Marin · Locución español: Domi del Postigo · Producción: Photo Video Digital.

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