Cementerio Histórico San Miguel
CRUZ DE TORRIJOS

El cementerio de San Miguel ha sido escenario de destacados sucesos históricos de trascendencia para toda la nación. En diciembre de 1831 tuvo lugar en Málaga el apresamiento -mediante una trampa- del general José María Torrijos y otros 48 compañeros. Su intención era proclamar la Constitución en un periodo en el que el rey Fernando VII se obstinaba, absurdamente, en mantener un régimen absolutista que ya estaba superado en el resto de las monarquías europeas.
La orden del rey fue tajante, y en la mañana del 11 de diciembre fueron fusilados, en varias tandas, en las playas de San Andrés. Fueron presos comunes quienes se ocuparon en cargar los cadáveres en los carros de basura que los trasladaron hasta el cementerio de San Miguel. La determinación de la viuda de Torrijos fue crucial para que su cuerpo y el de Juan López Pinto fuesen inhumados en sendos nichos situados cerca de la entrada del cementerio. El cónsul británico rescató el de Robert Boyd, el único ciudadano inglés entre los ejecutados, al que enterró en el cementerio británico.
Al resto se les inhumó en una fosa común que se abrió en la trasera y fuera del cementerio. No es casualidad que esta tumba colectiva quedase fuera de sus muros, pues estos delimitaban el espacio considerado como sagrado, y hasta eso se les negó. Una sencilla cruz de madera señaló este lúgubre lugar.
En 1842, ya bajo un régimen liberal y constitucional, todos los restos fueron exhumados y colocados en el que sería su destino definitivo: el monumento mausoleo de la plaza de la Merced. Pasados los años el cementerio fue ampliado y este punto quedó dentro, cayendo en el olvido este episodio. En el año 2014 este lugar fue señalado mediante la instalación de un crucero de piedra jaspón sobre un pedestal. La inscripción en su frente relata la razón de este monumento, que rinde homenaje y recuerdo a los hoy considerados mártires de la libertad.
En 2018 el monumento se completó con la colocación a sus pies de una composición que realizó el escultor Juan Vega, con el relieve del rostro de Torrijos junto a laurel y un pergamino reproduciendo el texto de la carta que el general escribió a su esposa, cuando faltaban solo unas horas para su muerte:
“Amadísima Luisa mía: Voy a morir, pero voy a morir como mueren los valientes. Sabes mis principios, conoces cuán firme he sido en ellos, y al ir a perecer pongo mi suerte en la misericordia de Dios, y estimo en poco los juicios que hagan las gentes […] De la vida a la muerte hay un solo paso, y ese voy a darlo sereno en el cuerpo y en el espíritu […] ten la satisfacción de que hasta mi último aliento te he amado con todo mi corazón […] nos volveremos a juntar en la mansión de los justos a donde pronto espero ir, y donde sin duda te volverá a ver tuyo siempre hasta la muerte. José María de Torrijos”.
Textos: Francisco J. Rodriguez Marin · Locución español: Domi del Postigo · Producción: Photo Video Digital.